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Sostenibilidad
Hay una frase que atraviesa nuestro Informe de Inversión Sostenible 2025 y que podría resumir, por sí sola, la tesis completa de nuestra compañía: la sostenibilidad dejó de ser un costo de cumplimiento y se convirtió en un factor de competitividad. No es una consigna de portada. Es, según muestran las cifras del año, una descripción bastante literal de lo que ha ocurrido dentro de los portafolios que administramos como SURA Investments, el asset manager especializado de Grupo SURA.
Cerramos 2025 con USD 26,000 millones en activos bajo gestión, respaldados por los USD 218,000 millones de SURA Asset Management y por la solidez de Grupo SURA —mayor conglomerado financiero no bancario de Latinoamérica, con más de 80 años de trayectoria en la región—. Son cifras de escala.
Pero nuestro informe, construido con las voces de nuestro CEO, nuestro CIO y los responsables de Inversión Sostenible e Infraestructura, no está pensado para lucir tamaño, sino para exponer nuestra convicción de que gestionar activos en América Latina exige mirar el riesgo de forma distinta a como se mira en Europa o Estados Unidos, y que esa mirada propia es, precisamente, la que protege el capital de nuestros clientes.
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Gonzalo Falcone, nuestro CEO, abre el informe con una idea que se repite después en cada entrevista: América Latina "enfrenta una década decisiva". La región tiene los recursos naturales, la demografía y las oportunidades de desarrollo para convertirse en un protagonista de la transición hacia economías más sostenibles, pero materializar ese potencial exige canalizar el capital con intención.
Esa idea de intencionalidad se vuelve método en la conversación con César Cuervo, nuestro CIO. Su pregunta es la que cualquier inversionista institucional se hace hoy: ¿integrar factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) implica sacrificar retorno? La respuesta de Cuervo es tajante: no. Para él, el análisis ESG funciona como un radar que detecta riesgos que los modelos tradicionales no siempre ven a tiempo, sean regulatorios, sociales o climáticos. E insiste en que, al dejar esos riesgos sin gestionar, terminan golpeando la rentabilidad de todos modos. "La inversión sostenible no es una concesión en el rendimiento, sino una estrategia financiera robustecida para proteger el patrimonio de nuestros clientes a largo plazo", resume.
Y el dato interesante resulta ser el obstáculo que reconocemos enfrentar. Santiago Bernal, nuestro Head de Inversión Sostenible, describe el reto de la información en la región con una imagen que vale la pena citar: usar datos públicos en América Latina "es como intentar armar un rompecabezas donde algunas fichas vienen en centímetros, otras en pulgadas y otras, como es el caso de las PYMES, ni siquiera han salido de la caja". El aprendizaje de nuestro equipo dice, ha sido no esperar el dato perfecto para actuar, y darle valor a los análisis internos que interpretan mejor los contextos locales. Es una declaración poco habitual en un informe corporativo: admitir que la información con la que trabaja la industria financiera regional todavía es desigual, y que nuestra ventaja competitiva está en saber operar con esa imperfección sin perder rigor.
Nuestra exposición a bonos verdes, sociales y sostenibles creció más del 80%, hasta alcanzar los USD 511 millones, impulsada por el dinamismo de las emisiones corporativas en la región. En alianza con la Universidad EAFIT, analizamos el mercado de deuda sostenible latinoamericana entre 2012 y 2024 y encontramos que el 57.4% de las emisiones fueron impulsadas por el sector corporativo frente a un 42.6% de los gobiernos, movilizando más de USD 157,000 millones.
Conoce los detalles de este informe en nuestro podcast:
En Renta Fija e integración ESG, aplicamos 198 cuestionarios sectoriales a emisores entre 2024 y 2025, actualizamos nuestra matriz de materialidad —con mayor relevancia para minería, cemento, construcción y alimentos y bebidas— y ampliamos la cobertura de medición de emisiones financiadas del 45% a más del 90% en activos tradicionales y multiactivos, lo que nos permitió identificar una reducción del 50.5% en la intensidad de carbono del portafolio.
La conversación con Lina Madrid, nuestra Directora de Infraestructura e Inversión Sostenible, aporta un giro conceptual. Su punto es que los activos de Infraestructura deben, además de resistir el clima y la regulación futura, actuar de inmediato como catalizadores de las economías locales. "La resiliencia no solo se evalúa; también se construye", dice.
A través de la Unión para la Infraestructura —nuestra alianza con Credicorp Capital Asset Management, que cumple una década operando en la región—, administramos USD 1,640 millones en activos de infraestructura, de los cuales USD 859 millones cumplen altos estándares ESG. Esas inversiones, concentradas en infraestructura vial y energética en Colombia y Perú, sostienen cerca de 99,160 empleos directos e indirectos. Entre los proyectos que destacamos está el Parque Eólico Caravelli, en Perú: 37 aerogeneradores y 47 kilómetros de líneas de transmisión que evitarán, según nuestras proyecciones, cerca de 329.000 toneladas de CO2 equivalente al año.
En Real Estate, tenemos USD 640 millones invertidos en activos inmobiliarios, de los cuales USD 435 millones cuentan con certificación de construcción sostenible LEED, con casos como la Torre Argos, la Torre 97 y Plaza de las Américas. Y en Deuda Privada, nuestro Sistema de Administración de Riesgos Ambientales y Sociales (SARAS), desarrollado en alianza con el BID, aplicó 14 evaluaciones durante el año que derivaron en 7 créditos aprobados y 4 cláusulas socioambientales incorporadas.
Cerramos el informe con un ejercicio: calculamos que nuestras inversiones regionales en Renta Fija y acciones respaldaron, durante 2024, un total de 293.753 toneladas de CO2 —cerca de 94 toneladas por cada millón de dólares bajo gestión—. Es una línea base sin la cual no tendríamos forma de anticipar qué tan expuesto está un portafolio a los riesgos de transición ni de avanzar hacia metas más ambiciosas, como estimar la temperatura implícita de nuestras inversiones o identificar activos que podrían quedar varados por la transición energética.
Ese es, en el fondo, el hilo que conecta todas las voces del informe: más que narrativas, la inversión sostenible requiere de mediciones claras, porque solo lo que se mide se puede gestionar con el mismo rigor que cualquier otra decisión financiera. En una región que todavía arma el rompecabezas de sus propios datos, esa disciplina —más que cualquier cifra individual— es la que presentamos como nuestra verdadera ventaja competitiva de cara a los próximos años.
