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Medio: Señal DF - Diario Financiero
El bono del Tesoro estadounidense a 10 años ha sorprendido al mercado al alcanzar niveles no vistos desde 2007. Para muchos, una tasa sobre el 5.0% parecía exagerada; para otros, es una señal de cautela. La comparación con 2008 es inevitable, pero el punto de partida es distinto.
En ese entonces, las tasas altas convivieron con hipotecas subprime, estándares regulatorios más laxos y un alto apalancamiento de los hogares. Hoy la banca está más regulada y las familias estadounidenses presentan menores niveles de endeudamiento, pero el balance fiscal de EE. UU. es mucho más exigente. La relación entre deuda y PIB en 2007 era cercana al 60%, mientras que hoy supera 120%. En ese contexto, el gasto por intereses, de acuerdo con la Reserva Federal de St. Louis, pasó de 1.63% del PIB a 3.15%, y podría seguir aumentando en la medida que las tasas permanezcan elevadas. A modo de comparación, el gasto por intereses ya se asemeja al gasto en defensa.
El desenlace de 2008 es conocido: quiebras de grandes instituciones, desplomes bursátiles, contracción del crédito y recesión. Luego vino una década marcada por la inflación contenida, programas de expansión cuantitativa (QE) y tasas a la baja.
El camino hoy es menos evidente. La medida de inflación preferida por la FED se ha mantenido persistentemente por sobre la meta de 2%. Los aranceles, el precio del petróleo y los desequilibrios fiscales restringen el margen de acción para una respuesta monetaria agresiva. Si la inflación finalmente converge, la FED podría recortar las tasas; sin embargo, los déficits fiscales elevados y una mayor prima por plazo podrán mantener las tasas largas en niveles altos.
Para quienes pueden mirar más allá de la volatilidad de corto plazo, la Renta Fija vuelve a parecer atractiva: el carry es mayor, los retornos reales son más interesantes y el punto de entrada luce considerablemente mejor que durante buena parte de la última década.