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El estrecho de Ormuz lleva ya meses bloqueado, el petróleo no se aleja demasiado de los 100 dólares y la inflación vuelve a incomodar. Sin embargo, el S&P500 encadena récords históricos impulsado por beneficios corporativos que sorprenden al alza. Entender esta paradoja no es un ejercicio académico: es la clave para saber qué vigilar en los próximos meses.
El conflicto en Medio Oriente no ha cesado, manteniendo la tensión e incertidumbre en las bolsas internacionales debido a los temores sobre hasta dónde podrían escalar los impactos derivados del cierre del Estrecho de Ormuz en la economía real del mundo.
Recordemos que este paso marítimo, ubicado entre Irán y la Península Arábiga y por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial, sigue severamente limitado. Su bloqueo ha mantenido la cotización del crudo en niveles elevados, y sin señales de una solución definitiva y cercana, las perspectivas de un deterioro mayor en el crecimiento e inflación se profundizan.
Sin embargo, y navegando en medio de este escenario, los mercados han mostrado resiliencia, se han recuperado de las fuertes caídas de marzo y han logrado sobrellevar la alta volatilidad que ha desafiado la mente de los inversionistas del mundo.
Luego de un año 2025 que, en términos absolutos, fue positivo para el S&P500 pero incipiente en relativo versus mercados emergentes, si bien no es el primero en el ranking de performance este 2026, exhibe el comportamiento más estable e incluso continúa rompiendo máximos históricos, en medio de una exitosa temporada de resultados corporativos del primer trimestre, impulsado por el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).
Hasta la semana previa, las Siete Magníficas habían reportado un crecimiento del 61% en sus utilidades frente al 22% que esperaba el mercado, mientras que las empresas del S&P500 a nivel agregado lo habían hecho en un 27%, sobre el 13% que se descontaba a comienzos de temporada. Los denominados “Hyperscalers” planean invertir 725,000 millones de dólares este año en infraestructura de inteligencia artificial, un alza del 77% respecto a 2025 y el mayor ciclo de inversión concentrada en la historia del sector.
Este optimismo y fervor por el desarrollo de la IA en Estados Unidos no solamente ha dado impulso a empresas del país, sino que otras regiones como Asia Emergente, sobre todo Taiwán, Corea del Sur y el sector tecnológico en China, se han beneficiado al ser una pieza clave de la cadena de desarrollo de infraestructura de la IA. Es importante destacar que, a pesar de que la región se ha contagiado de la sólida narrativa tecnológica, estos países siguen siendo altamente sensibles al desarrollo de los eventos en Medio Oriente, debido a que el 80% de la energía que transita a través del estrecho se envía directamente a Asia.
Otro factor que no podemos dejar de considerar es el riesgo macroeconómico. La inflación se ha acelerado, tanto por presiones en el precio del petróleo como por la intensiva inversión en IA. El IPC de abril marcó un 3.8% anual en Estados Unidos, el mayor registro en casi tres años, y los últimos datos del mercado laboral muestran una recuperación luego de varios meses débiles. Ese cruce, inflación al alza con empleo resistente, le deja a la Reserva Federal muy poco espacio para actuar: subir tasas para combatir un problema de energía puede enfriar una economía que ya enfrenta vientos en contra, pero recortar con inflación en 3.8% tampoco es una opción cómoda. Por ahora, la FED ha optado por mantener las tasas sin cambios en el rango de 3.5% a 3.75% y revisar al alza sus proyecciones de inflación, reduciendo a su vez el margen de recortes previstos para este año. El mercado, que hace unos meses esperaba dos o más recortes en 2026, hoy descuenta prácticamente cero.
Aquí hay otro factor clave que se acaba de materializar: Kevin Warsh. El nuevo presidente de la FED fue confirmado por el Senado este mismo 13 de mayo en una votación de 54 a 45, tomando el relevo de Jerome Powell. Su alineamiento con la postura de Trump es lo que mantiene la atención de los inversionistas, pero no es alguien que pueda tomar decisiones por sí solo, ni menos encaminar al ente monetario a debilitar la independencia en el control de la política monetaria. Posiblemente, y a diferencia de Powell, posea una postura menos restrictiva frente a los datos, pero bajo el contexto actual hereda una inflación del 3,8% y algunos analistas advierten que podría verse forzado a hacer exactamente lo contrario. Sería complejo e incluso precipitado cambiar drásticamente la dirección en que el ente se está dirigiendo.
Con ello, el camino para las bolsas este 2026 ha estado, y seguirá presentando, vientos de frente que dificultarán la labor de los diversos agentes del mercado. Los riesgos siguen muy presentes, por lo que varios expertos expresan su preocupación respecto a que las bolsas no estarían incorporando un escenario más complejo en el corto plazo, y que la actual narrativa de la IA estaría opacando el verdadero potencial de disrupciones mayores.
El equilibrio actual es frágil, las oportunidades siguen presentes, pero los riesgos persistirán si el conflicto en el Golfo se prolonga, si el petróleo se afirma sobre los 120 dólares, o si los resultados del segundo trimestre decepcionan, por lo que las probabilidades de una corrección siempre estarán presentes. Mientras los fundamentales corporativos aguanten, Wall Street tiene razones para seguir apostando por favorecer la toma de riesgo. Tres variables para monitorear en los próximos meses: la duración del conflicto en Medio Oriente, la calidad de las guías corporativas del segundo trimestre, y la primera señal concreta que entregue Kevin Warsh desde la presidencia de la FED.