INVESTMENTS
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Medio: El Mercurio Inversiones
En un mundo que continúa transformándose constantemente y a un ritmo cada vez más acelerado, las opciones para acceder al mercado de capitales son numerosas, pero a pesar de esto, ¿los nuevos inversionistas y futuros herederos son realmente conscientes del poder de sus decisiones?, ¿nos hemos cuestionado la verdadera efectividad de las optimizaciones de portafolios teóricas que hemos aprendido en la academia o conocido a través de medios digitales?
Para comprender la relevancia del tiempo en las decisiones de inversión, usamos el ejemplo de dos personas, Javiera y Andrés, cuyas experiencias reflejan una realidad frecuente en la planificación financiera. Javiera comenzó a ahorrar a los 28 años, de manera gradual, pero constante. En contraste, Andrés empezó a los 40 años, aportando un monto significativamente mayor, lo que le exigió un esfuerzo adicional para compensar el tiempo perdido. Al momento de su retiro, la cuenta de Javiera prácticamente acumulaba el doble de la de Andrés, no por elegir mejores acciones, tampoco por ser activa en el manejo de sus ahorros, ni tampoco por escuchar consejos sobre inversiones que duplican su patrimonio con prompts en alguna IA. Todo fue resultado de utilizar el tiempo a su favor, convertir el ahorro en un hábito y permitir que el interés compuesto hiciera el resto.
A los 28 años, Javiera abrió un Ahorro Previsional Voluntario (APV), además del ahorro mensual que ya mantenía, con el objetivo de complementar ese esfuerzo con un producto que incentiva el ahorro a través de aportes estatales adicionales o, en el caso de superar cierto nivel de ingresos, permite reducir la carga tributaria. La clave de este instrumento es comprender su propósito: la pensión y el largo plazo. Es precisamente en este contexto donde es pertinente cuestionar cómo la asesoría financiera suele encasillar a un inversionista en ciertos instrumentos de inversión por su perfil. A partir de ello, surge una pregunta relevante: ¿no hace más sentido que los portafolios sean estructurados en base a los objetivos y las necesidades de las personas, en lugar de basarse en una optimización media varianza o simplemente invertir en el fondo “conservador” porque la encuesta de perfil así lo determinó?
Aquí es donde las necesidades futuras de los inversionistas desafían la teoría clásica de portafolios y refuerzan la idea de que nuestro rol, desde el mundo del Wealth Management, no consiste únicamente en asesorar a partir de una encuesta. La asesoría del futuro no se basará solamente en prompts u optimizaciones; lo verdaderamente importante será nuestra capacidad de educar a las personas para que comprendan el potencial de sus decisiones financieras. El hecho de que una persona presente un perfil conservador no implica necesariamente que deba concentrar sus ahorros en depósitos a plazo, cuando le restan 30 años de ahorro. Del mismo modo, que un cliente se considere agresivo o se sienta atraído por tendencias como las Siete Magníficas, no significa que deba mantener un portafolio concentrado en tecnología cuando su prioridad es utilizar sus ahorros en financiar un matrimonio el próximo año, o reunir el pie para una propiedad en los próximos 18 meses. Es precisamente aquí donde radica la clave de la nueva asesoría de inversiones, en orientar a las personas para que comprendan que cada objetivo de inversión es un portafolio independiente y estructurado en función de un plazo y un propósito.
Al profundizar en la educación de los inversionistas, es importante reconocer que todo lo anterior resulta muy atractivo cuando se analiza desde una perspectiva de largo plazo. Sin embargo, ese camino no está exento de riesgos, volatilidad e incertidumbre, factores que inevitablemente generarán episodios de tensión y fluctuaciones en los mercados y, con ello, caídas en los portafolios. Desde 1980, el S&P500 ha experimentado una caída máxima anual en promedio de un 14%, cifra que cobra especial relevancia cuando se trata de montos elevados. No obstante, desde ese mismo año, tres de cada cuatro años el índice cerró con ganancias, pese a atravesar eventos como la crisis del petróleo, la burbuja de las empresas “punto com”, las crisis del 2008 y la pandemia. Sin pretender anticipar el futuro, parece razonable asumir que el ciclo se repetirá. Esto es precisamente lo que los inversionistas deben comprender antes de invertir: los riesgos siempre estarán presentes y la labor de la asesoría consiste en ayudar a comprenderlos y gestionarlos adecuadamente.
En la misma línea, salir del mercado por miedo y regresar únicamente cuando las condiciones parezcan estables puede ser uno de los errores más costosos. En los últimos veinte años, perderse los diez mejores días de mercado reduce el retorno anualizado de cerca de 11% a un 6,6%; perderse los treinta mejores días lo disminuye hasta apenas un 1,6%. Esto da cuenta de que el pánico puede convertirse en un importante destructor de patrimonio, mientras que el apoyo de una asesoría experta es fundamental para aliviar esos temores.
En conclusión, nuestro perfil de inversionistas, si bien constituye una referencia útil para construir nuestro portafolio de inversión, no siempre refleja cómo deberían estar distribuidas nuestras inversiones. Promover la educación financiera de las personas y fortalecer la calidad de las decisiones de inversión es uno de los pilares de nuestro rol como asesores patrimoniales. Las crisis, la volatilidad y los cambios de tendencia seguirán siendo parte de los mercados. Sin embargo, más allá de cualquier escenario temporal, el éxito de una estrategia de inversión suele radicar principalmente en respetar fielmente los objetivos y horizontes de cada individuo.