Prensa

El patrimonio que sobrevive es el que se conversa

  • 12 Agosto, 2026
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Medio: El Mercurio Inversiones

El proyecto de reconstrucción y reactivación económica que impulsa el actual gobierno contempla, entre otras medidas, una rebaja transitoria del impuesto a las donaciones al 50%, vigente por 12 meses, con una recaudación fiscal proyectada de USD290 millones. En el papel, es una ventana de oportunidad concreta y acotada en el tiempo para adelantar el traspaso patrimonial dentro de las familias. Sin embargo, la experiencia en torno a procesos de arquitectura patrimonial nos ha enseñado que ninguna ventana tributaria, por generosa que sea, resuelve por sí sola lo que en realidad se está transfiriendo cuando una familia decide traspasar su riqueza. No es solo una mera transferencia de activos, sino que es la capacidad de administrarlos a lo largo del tiempo.  

Comenzando por lo técnico, la rebaja del 50% reduce a la mitad el costo fiscal de donar en vida, durante un plazo que el propio proyecto fija en 12 meses. Es una oportunidad real, pero no implica que también sea una solución. Y aquí aparece una paradoja propia del inversionista chileno de alto patrimonio, que en el estudio reciente de SURA Investments junto con Provokers titulado “Pulso del Inversionista de Alto Patrimonio Latam”, realizado a 579 inversionistas de México, Colombia, Chile y Perú, retrata con precisión. Chile es, de los cuatro países analizados, el mercado más cauto: un tercio de quienes ajustaron su cartera aumentó su liquidez o postergó decisiones de inversión, y cuatro de cada diez han considerado sacar parte de su patrimonio del país sin haberlo concretado aún. El estudio resume el comportamiento regional en cuatro verbos, uno por país, y el que le toca a Chile es elocuente: el país espera. Ese mismo instinto de esperar, tan racional frente a la incertidumbre de los mercados, es precisamente el que puede jugarle en contra a una familia frente a una ventana tributaria que no espera a nadie.

Pero suponer que con la eficiencia tributaria basta y sobra, sería quedarse a mitad de camino. El estudio internacional UBS Global Family Office Report 2026, sobre traspaso generacional de patrimonio —que encuestó a más de ciento setenta herederos de familias de alto patrimonio alrededor del mundo, complementado con entrevistas en profundidad— llega a una conclusión que es buena para la reflexión: la responsabilidad se transfiere antes que el dinero. Las familias que logran traspasos exitosos no empiezan por firmar escrituras; empiezan por sentar al heredero en la mesa de decisiones años antes, con responsabilidades pequeñas y progresivas, mucho antes de que cualquier activo cambie de titular en el papel. El mismo estudio encuentra que, aunque seis de cada diez familias tienen testamento, menos de una cuarta parte cuenta con algo parecido a una gobernanza real: roles definidos, protocolos de comunicación, una conversación explícita sobre qué se espera de cada heredero. Y casi la mitad de la generación que hereda percibe que la generación anterior nunca tuvo un proceso estructurado de traspaso: existe un testamento, pero sin las conversaciones necesarias.

Esta ausencia de conversación, más que el desacuerdo en sí, es lo que termina rompiendo patrimonios familiares. Este tipo de estudios invitan a la reflexión desde la siguiente perspectiva: la riqueza en sí misma no es la que genera fricción entre generaciones, sino que es la incertidumbre no resuelta sobre qué esperar de cada miembro de la familia. Y en este sentido, cabe destacar que las familias que sí construyen una gobernanza clara y temprana avanzan en su proceso de traspaso con muchísima más velocidad y confianza que aquellas que improvisan sobre la marcha.

Llevado a la práctica de una arquitectura patrimonial bien diseñada y ejecutada, esto significa algo muy concreto: preparar a la siguiente generación no es un evento que ocurre el día que se firma la donación, sino que es un proceso gradual que idealmente empieza años antes. Supone exponer al heredero a decisiones de bajo riesgo, involucrarlo en las conversaciones familiares sobre el patrimonio mucho antes de entregarle control real sobre él, y ajustar ese involucramiento a la madurez de cada hijo, no a un calendario fiscal. La ventana tributaria de doce meses puede y debe aprovecharse, pero como culminación de una conversación familiar que debería haber empezado antes, no como sustituto de ella.

La experiencia nos indica que la eficiencia técnica sin comprensión humana rara vez logra sostener algo en el tiempo. El Pater/Mater familias que hoy considera donar aprovechando la rebaja debería hacerse una pregunta previa, más importante que cualquier cálculo de ahorro fiscal: si sus herederos están hoy en condiciones de administrar lo que van a recibir, y si no lo están, qué plan de acción deberían comenzar a ejecutar para prepararlos. La ventana tributaria cierra en doce meses. La conversación familiar, en cambio, debería empezar ahora.

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