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Prensa
Medio: Semana Económica
Estamos en pleno fenómeno de transferencia de riqueza a nivel global. Se estima que en las próximas dos o tres décadas se traspasarán cerca de USD $84 billones. Y no solo en activos líquidos, sino también en inmuebles, propiedades y acciones de empresas privadas. En el Perú, donde muchas empresas familiares acumularon su patrimonio en los últimos 30 o 40 años, ese momento ya llegó.
Según un estudio de Williams Group, sin embargo, siete de cada diez procesos de sucesión no son exitosos. Lo contraintuitivo es la causa: los aspectos técnicos, en los que la industria de gestión patrimonial suele enfocarse, explican apenas el 5% de los fracasos. El resto es humano. Por eso, lo más importante en una sucesión es la conversación. Una conversación que debe darse antes de que ocurra el evento que la gatille. Y el costo de no tenerla es alto.
Cuando la sucesión no se planifica, los lazos familiares pueden romperse. Un activo, ya sea una casa, un vehículo o una empresa, pasa a decidirse entre varias personas cuyos intereses no necesariamente están alineados. Además, estos procesos implican gastos y la necesidad de obtener liquidez obliga muchas veces a vender los activos por debajo de su valor. El patrimonio, en algunos casos, termina rematándose. Y las estrategias de inversión que la familia construyó durante años se deshacen.
Conversar sobre este tema no es fácil en ninguna parte del mundo y menos aún en países como el nuestro. Por eso, conviene hacerlo de forma estructurada, con herramientas y con un propósito común de familia.
Un buen proceso de asesoría empieza por lo esencial: el mapa de riqueza; es decir, saber con claridad qué tiene la familia. Luego, es importante entender los roles: quiénes son los potenciales herederos y cómo van a interactuar. Con esos puntos claros y asesores legales, tributarios y sucesorios, se pueden establecer estructuras que canalicen el patrimonio de manera eficiente. También hay que prever la liquidez. Si fallece un socio y no hay un orden establecido, los herederos pueden terminar en un conflicto con los demás socios de la compañía.
Pero el elemento más importante, y el que más tiempo demanda, es la preparación de la siguiente generación. Esta empieza con la educación financiera desde edades tempranas, porque serán ellos quienes tomen el control de los activos y, en muchos casos, de las empresas. También requiere redes de soporte: cercanía con pares que atraviesan lo mismo, una suerte de mentoría entre iguales. Sin esa preparación, no habrá un desenlace exitoso.
¿Por dónde empezar? Con la misma humildad con la que abordamos las decisiones más importantes de la vida. Levantar la mano, formarse y buscar ayuda. En SURA Investments creemos en una asesoría cercana y experta que ponga al frente lo que de verdad importa, que es la familia. Con un buen acompañamiento y preparación, el diseño previo puede lograrse en menos de un año.