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Sesgos, riesgo y retorno, aterricemos nuestras inversiones

  • 06 Febrero, 2026
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Medio: El Mercurio Inversiones,

En 2025, frases como “malas o bajas rentabilidades”, en referencia a Estados Unidos, fueron recurrentes entre analistas financieros al justificar el desempeño de los portafolios. Es evidente que la alta ponderación de activos estadounidenses en los índices globales contribuyó a este sesgo. Y si comparamos el rendimiento superior al 50% de Chile o el 45% de Latinoamérica con el 18% del S&P500, el sesgo se intensifica aún más. Sin embargo, esta percepción no hace más que evidenciar lo frágil que puede ser la memoria humana al evaluar sus inversiones de forma diaria. Y aquí surge la pregunta clave: ¿vemos los resultados en términos absolutos o relativos?

Analicemos el panorama con una visión más amplia: Estados Unidos quedó rezagado frente a otras regiones con un “modesto” 18% de rentabilidad. Pero ¿cómo ha sido su desempeño en años anteriores? Veníamos de un 25% en 2024 (liderando a nivel mundial), un 26% en 2023, 28.7% en 2021 y 31% en 2019, lo que equivale a un promedio del 15% en la última década.

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La psicología del inversionista resulta curiosa. Al observar que otras regiones están rentando significativamente por encima de su posición principal, la impaciencia comienza a crecer. Incluso se olvida fácilmente que, en 2022, cuando muchas de las grandes clases de activos sufrieron caídas relevantes, Estados Unidos se comportó en línea con el mundo e incluso más eficiente que otras economías.

Desde otra perspectiva, la Renta Fija local enfrentará desafíos relevantes tanto en la rentabilidad que ofrece como en el atractivo de los instrumentos nacionales. Esto resulta especialmente evidente si consideramos que, de manera estructural, la industria utiliza una proporción significativamente mayor de instrumentos en UF que en pesos, en un escenario macroeconómico que incluso proyecta niveles de inflación por debajo de la meta del Banco Central. Este contexto tensiona aún más el desempeño de esta clase de activo.

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Aquí el sesgo es distinto al anterior. Cuando un inversionista es altamente conservador, internalizar que el riesgo no es su enemigo —sino una variable que debe gestionarse adecuadamente— suele ser un concepto difícil de asimilar. Esta dificultad, en entornos como el actual, termina por complicar aún más la estructuración eficiente de sus portafolios.

Actualmente, los instrumentos más atractivos dentro de la curva se concentran en el tramo de 3 a 5 años, los cuales podrían alcanzar retornos cercanos a UF+2% durante este año. El desafío radica en que este mismo perfil ha mostrado, en algunos períodos, niveles de rentabilidad comparables a los de la Renta Variable, pero con menor riesgo. Esto vuelve más complejo el proceso de asesoramiento.

Por ello, si el perfil del cliente lo permite —dentro de rangos adecuados—, asumir un mayor nivel de riesgo mediante la incorporación de activos alternativos o fondos balanceados que integren Renta Variable de forma controlada se vuelve una necesidad real, especialmente al pensar en horizontes de largo plazo.

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Comprender los sesgos en la inversión y el comportamiento de los distintos perfiles refuerza la importancia de implementar una diversificación basada en objetivos. En este enfoque, resulta clave que el cliente entienda la diferencia entre los ahorros destinados a su pensión y aquellos que utilizará, por ejemplo, para vacaciones, independientemente de cuán agresivo o conservador sea su perfil.

De este modo, que un cliente sea conservador no implica que deba excluirse de la Renta Variable, especialmente cuando su objetivo es la pensión y cuenta con un horizonte de inversión significativo. En sentido contrario, también puede ser razonable que un inversionista con perfil agresivo utilice instrumentos de corto plazo si uno de sus objetivos es financiar el pie de una propiedad o un matrimonio en un plazo inferior a un año.

Buscar constantemente ser el primero en rentabilidad tiene un costo: el riesgo. Y este riesgo, inevitablemente, siempre estará presente. Por ello, la clave está en encontrar formas eficientes de gestionarlo.

Una buena diversificación, especialmente a través de distintas regiones, ayuda a reducir los focos potenciales de volatilidad. Por otro lado, para intentar mejorar la rentabilidad en instrumentos de Renta Fija, es necesario comprender que asumir un mayor riesgo —de forma controlada— será parte del proceso para mejorar las expectativas de retorno en el largo plazo.

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