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Asesoría
El sistema de pensiones obligatorio en México enfrenta una presión insostenible: el gasto en pensiones en México ya representa más del 25% del presupuesto federal —por encima de la media de los países de la OCDE— y continúa creciendo en un contexto de rigidez estructural del gasto público.
Para los directivos de las empresas que leen estas cifras, está claro que el Estado tiene cada vez menos espacio fiscal para garantizar tasas de reemplazo suficientes. Y ese hueco alguien tiene que llenarlo.
La pregunta no es si las empresas deben asumir un rol en la seguridad financiera de sus equipos. La pregunta es cuánto les cuesta no hacerlo.
Existe ya suficiente evidencia de que la incertidumbre económica de los colaboradores tiene un impacto directo y medible en el desempeño organizacional, y así lo explica Ismael Díaz, Director de Corporate Solutions de SURA Investments. Un trabajador que no comprende cómo funciona su esquema de beneficios, que desconoce si su ahorro actual le alcanzará para retirarse con dignidad o que, peor aún, sigue recurriendo a mecanismos informales de ahorro —tandas, efectivo guardado en casa, préstamos entre conocidos— es un colaborador con carga cognitiva adicional que no contribuye a la operación.
Entonces, las empresas están entendiendo que la formalización del ahorro ya va más allá de la responsabilidad social, y ahora es un asunto de gestión del talento. Cuando una organización ofrece vehículos de ahorro estructurados —fondos de ahorro, planes de pensión de contribución definida, cajas de ahorro y otras soluciones que permiten conformar una estrategia integral— o que realmente está entregando es disciplina financiera incorporada al ciclo de vida laboral del colaborador, sin que este tenga que tomar decisiones complejas para mantenerla.
De acuerdo con nuestro experto, hay un punto que las empresas suelen subestimar: la mayoría de los colaboradores no sabe con claridad cómo funcionan sus esquemas de beneficios, si se complementan entre sí o si están compitiendo. Y un beneficio que no se entiende es un beneficio que no se aprovecha —y que, por tanto, no genera el impacto en bienestar, retención ni productividad que justificó la inversión.
La estrategia de comunicación interna sobre beneficios financieros es, en sí misma, un activo de gestión humana. No existe una receta única, ya que cada empresa tiene su cultura, su momento y sus objetivos. Pero sí existe la condición mínima de que los colaboradores conozcan, entiendan y confíen en las herramientas que tienen disponibles.
Así que en SURA Investments acompañamos a las empresas que reconocen en el bienestar financiero de sus colaboradores una ventaja competitiva. Desde el lanzamiento de la primera familia de fondos ciclo de vida en México en 2006 —una solución diseñada para simplificar la toma de decisiones de inversión a lo largo de toda la vida laboral— hemos construido una propuesta que va más allá de la gestión de activos.
Entendemos que el bienestar financiero de los colaboradores es la base desde la cual las personas trabajan mejor, deciden con más claridad y construyen una relación más sólida con su organización.