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SURA Advisory Forum Chile
Andrés Velasco, decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics and Political Science (LSE) y exministro de Hacienda, abrió su intervención con una frase que funcionó como hilo conductor de todo lo que siguió: “Los chilenos —y los latinoamericanos en general— tendemos a creer que lo que nos pasa nos pasa solo a nosotros. La realidad es que lo que nos pasa se parece bastante a lo que le ocurre al resto del mundo. Y para entender Chile y América Latina, hay que entender primero al mundo”.
En su opinión, el mundo que conocimos, el de la globalización con hegemonía estadounidense y reglas del juego más o menos previsibles, ya no existe.
Para ilustrar el contraste, Velasco recurrió a una imagen: el mundo de los últimos treinta o cuarenta años representado por un águila norteamericana presidiendo sobre una economía que se integraba. La hegemonía de los Estados Unidos.
En la misma línea, citó un artículo reciente de Stephen Walt en Foreign Affairs que describe al mundo actual como uno habitado por potencias hegemónicas predatorias: grandes, poderosas y sin sujeción a ningún código de reglas establecido.
El mapa que propuso Velasco tiene tres actores centrales: Estados Unidos, China y Rusia. “Son ellos los que se disputan el control del planeta. El mundo con un poder hegemónico benévolo, con globalización y con reglas previsibles es el pasado, no el futuro”.
De acuerdo con Velasco, hoy por hoy la prioridad colectiva no es la prosperidad compartida, sino la seguridad. Una seguridad que opera en tres dimensiones simultáneas.
Velasco enumeró cuatro riesgos que considera insuficientemente incorporados en los análisis de mercado.
Primero, el conflicto en Irán. “No soy experto militar, pero lo que les escucho a quienes sí lo son es que esto pinta mal. Podría terminarse mañana o podría durar un año”. Y hay un elemento adicional: incluso si Trump decidiera retirarse, Irán ya sabe que controla el acceso al 20% del petróleo mundial a través del Estrecho de Ormuz. Ese poder de negociación no desaparece con un acuerdo.
Segundo, la estanflación. Tras el aumento en el precio del petróleo, las expectativas de inflación ya se ajustaron al alza en múltiples economías, y los mercados han pasado de anticipar recortes de tasas a prever posibles alzas. “¿Cómo se llama un fenómeno en que la inflación sube y el crecimiento baja? Se llama estanflación. Ese término se acuñó en los años 70, cuando el conflicto anterior con Irán. No lo veo nada imposible hoy”.
Tercero, el mercado de crédito privado, un segmento de financiamiento no bancario que ha crecido con menos regulación y menos transparencia que el sistema bancario tradicional.
Cuarto, la valoración de las grandes tecnológicas. Las proyecciones implícitas en los precios actuales de las acciones de las “siete magníficas” implicarían tasas de crecimiento de ganancias que, llevadas al valor presente, requerirían que el PIB de Estados Unidos crezca al 10% y sus exportaciones al 50%.
El economista cerró con un conjunto de recomendaciones directas para el contexto chileno.
La primera es diversificar las alianzas políticas internacionales. Chile necesita una red diplomática más amplia, anclada preferentemente en el bloque de democracias avanzadas que está emergiendo como alternativa al triángulo de grandes potencias.
La segunda es diversificar los destinos de exportación. Depender de un puñado de socios comerciales es una vulnerabilidad en el mundo actual. Países asiáticos como Vietnam, Tailandia y Malasia ya están moviéndose en esa dirección. La India, con 1.450 millones de habitantes creciendo al 6% anual, es un mercado que Chile prácticamente no ha explorado.
La tercera es hacer una auditoría real de riesgos: económicos, militares, cibernéticos y energéticos.
La cuarta es no darse gustitos fiscales. Ante la incertidumbre global, bajar impuestos, reducir el déficit y disminuir la deuda al mismo tiempo es aritméticamente imposible.
La quinta es entender que la permisología, aunque urgente y necesaria, es el comienzo de la conversación sobre crecimiento, no el final. Resolver los cuellos de botella en aprobación de proyectos genera un impulso positivo, pero no cambia la tasa de crecimiento de largo plazo. Para eso se necesita un ecosistema completo: bienes públicos provistos por el Estado, instituciones robustas, y una pregunta que Velasco considera pendiente en toda América Latina: "¿Qué vamos a producir de nuevo que antes no producíamos, y a qué mercados les vamos a vender a los que hoy no les vendemos?".